La milicia libanesa chiíta Hezbollah está en
el medio de la gran batalla del mundo musulmán, una batalla de poder entre
sunitas y chiítas, representada por las dos cabezas más visibles de esta lucha
por la hegemonía regional: Irán y Arabia Saudita. En este contexto, juega un
papel dual: correa de transmisión de las estrategias militares y terroristas de
sus patrones, el régimen de los ayatolás, y partido político con una extensa
red social en su país. Una dualidad que presenta un difícil equilibrio, máxime
cuando la estabilidad política en Líbano es una quimera y la región del Medio
Oriente está sumida en una tormenta perfecta.
Con este panorama, la situación de Hezbollah
afronta cada vez más a una realidad insostenible. Vemos cómo fuera del Líbano
los países del golfo, con Arabia Saudita a la cabeza, han dado un paso
importante, aunque retórico, para considerar a la milicia una agrupación
terrorista (Hezbollah ya era considerada una organización terrorista internacional
por Estados Unidos y la Unión Europea). Además, en los últimos años se han
enfangado en el conflicto interminable que representa la guerra en Siria,
empujados por su alianza con Irán y el régimen de Bashar al Assad. Dentro de su
país, Hezbollah es incapaz de conjugar con las distintas fuerzas políticas,
sociales y militares del Líbano para formar gobierno, y pone además a la
comunidad chiíta de su país en el punto de mira de los yihadistas del Estado
Islámico y Al Qaeda. Hezbollah y su papel dentro y fuera de Líbano es la
representación más palpable de un país que camina hacia el fracaso, empujado en
la sombra por el omnipresente Irán.
El paso del tiempo demuestra que este tipo de
estructuras que nacen como impulso político pero que se desarrollan con base en
golpes terroristas y aventuras militares de difícil justificación terminan en
la brusca rampa de la descomposición y la corrupción. Según teje redes de
influencia más allá de sus fronteras, termina aliándose con el hampa para
crecer y sobrevivir. Lo vemos con frecuencia en América Latina, donde se han
involucrado en casos de drogas, tráfico de armas, mafias criminales… qué
lejos están estas actividades de las verdaderas necesidades de la gente en
Líbano a la que dicen apoyar. La dualidad de la que hablábamos termina por
deslizar a esta organización por el camino de la descomposición moral, que deja
además un rastro de sangre inocente tras de sí, frente a lo que se supone que
debería ser un partido político que busca el bienestar de su pueblo.
Es necesario hacer una lectura de las alianzas
de Hezbollah y la supuesta rehabilitación de Irán para la comunidad
internacional. De nada sirven los acuerdos con este régimen, que
pretendidamente buscan aplacar las amenazas a la seguridad internacional, si luego
mantiene de forma descarada su patrocinio a la milicia libanesa. Hezbollah
lleva años aprovechando el caos sirio para trasegar armamento entre fronteras
que luego apunta contra Israel. Una de las últimas pruebas de esta espiral de
la organización chiíta ha aparecido en Panamá.
Resulta que en el escándalo de los Panama
Papers están involucrados individuos con estrechas relaciones tanto con la
organización terrorista y el narco mexicano como con Irán. Está claro que
Hezbollah es, cada día más, un elemento que distorsiona una posible solución
para la paz en el Medio Oriente.
La autora es directora de la agencia Fuente
Latina.
Una metáfora de la lucha entre sunitas y chiítas
18/Abr/2016
Infobae, Por: Leah Soibel